Mi  Alma

 

 

     Mi alma necesitaba la voz de mi Espíritu. Que Él acudiese y allanase con su Sabiduría, la Luz, que la necesidad de mí alma le hacía falta para comprenderse. Mi alma sentía el anhelo de ser  útil para la Verdad aprendida, pero la Paciencia, aconsejaba que contemplase el panorama que la naturaleza me brindaba con su beso de Amor.

 

     Reanimada mi materia vivía la Luz de la Paciencia, respetando con reverencia el Templo que descansaba entre estas colinas, resguardadas por inmensas montañas. Miraba con veneración las imágenes que mis ojos recorrían, tratando de recopilar para mi conocimiento, el acatamiento que infundía la presencia de tanta Sabiduría en la creación de éste Planeta.

 

     La Verdad y la Justicia aprehendida por mi alma indicaban su dominio de entereza en  su Amor, dándo se no obstante, volaba sobre aquella superficie natural, recibiendo las delicias de millones de Esencias fulgurantes, pertenecientes al área del Reino mineral y vegetal, reunidas en aquel terreno, cumplían con sus Leyes de Creación, que mi ignorancia desconocía.

 

     La voz dulce con acento infantil de aquella joven que decía: “Hermanito, hermanito”, quedó grabada en el fondo de mi corazón. Sin embargo, ahora, la sonrisa acudía a mis labios, alegrándome por su compañía que en aquel paraje añadía un perfume más de belleza. La veía perfectamente dentro de mi corazón. Vestía un traje azul cerúleo, largo hasta sus tobillos. Sus ojos zarcos, ofrecían todos los cambiantes del iris de unas profundidades inimaginables, sus mejillas luminosas, transparentes le daban un aspecto radiante, con su rubia melena cayendo sobre los hombros hasta llegar a su cintura; exteriorizaba una hermosura extraordinaria. Miraba su frente despejada en la cual veía cinco Estrellas opalinas de una diafanidad apacible. ¡Qué maravillosa sensación! Mi alma contemplando la percepción de este nuevo evento, recibía de su Augusta presencia un gran respeto.

 

     Mis extasiados ojos escudriñaban el atardecer descomunal. Los rayos del Sol se confundían con la atmósfera rosada ampliando la extensa bóveda de color bermejo, de una sublimidad grandiosa, convirtiendo el imponente valle en un Templo natural de adoración majestuoso.

 

      Mi alma admiraba, veneraba la maravilla de este Planeta, que aunque fuese el que conocí, ahora evolucionado, moraba un mundo nuevo: El Amor del Avatar divino. Sentí que mis rodillas se aflojaron para caer mi cuerpo sobre el suelo, cuando una mano sujetó mi mano derecha, apretándola con rigor y suavidad al mismo tiempo.

 

     En una millonésima de segundo miré mi mano, girando mi cabeza para ver quién…Es Ella. Su Presencia transformada acentuaba mi anterior clarividencia. Los ojos de mi Alma no adivinaban lo que veía mi corazón porque estaba aquí, a mi lado con su manita izquierda refugiada en mi mano derecha. Miré sus ojos inmensos y profundos como el cielo que cubría el viejo Planeta de un intensísimo azul; a través de su iris veía un Universo. Su Alma era superior al atmosférico. ¡Ahora sí sentía que vivía en algún Cielo de los amadores: de los Avatares Divinos! Imposible describirla mejor.

 

El entendimiento de mi Alma buscaba palabras para plasmar la Presencia Divina de este Ser que antes veía en mi corazón y ahora estaba junto a mí, a mi lado, ofreciéndose como una mensajera o mejor una enviada para mi nueva vida. No podía apartar mis ojos de los suyos. ¡Qué felicidad! Su Paz, su Calma: Su Amor me envolvían sobremanera. Su majestuosidad me retenía pegado al suelo; al mismo tiempo estaba contento, alegre, feliz. No dejábamos de mirarnos. Su voz vibró en mi corazón sin mover los labios. “Hermanito mío, Tu Espíritu me envía como su heraldo para comunicarte…”

 

     Al mismo tiempo que escuchaba su voz transmitiendo el mensaje de mi Espíritu, fue cambiando su cuerpo en tal transmutación de Luz, que sobrecogido en extremo solté su manita, dando un paso atrás. La estancia donde me encontraba debajo del eucalipto desapareció. Todo el entorno cambió radicalmente. Me sentía suspendido y asombrado ante tanta divinidad. La luz dorada que desprendía era intensísima. Rodeándola observé una infinidad de seres que la acompañaban llenando la bóveda que la protegía como escenario. A mi alma vino la sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Atónito prestaba atención a su voz, el mensaje y la melodía que llenaban todo el espacio del valle. “Ésta es por ahora la historia de tu Vida”. Fueron sus últimas palabras.

 

      Los seres humanos tenemos un gran compromiso con nuestros Espíritus: Creados a Imagen y Semejanzas del Creador. Somos “dioses” viviendo en un Planeta oprimido por la maldad. La perversidad (Las Sombras) de las energías subyuga a los seres humanos esclavizándolos con sus intereses, miedos y temores, principales dominantes de los seres humanos. Esto ocurre porque el ser humano no hace caso a su Vida: Alma, traicionándose los días de su vida terrenal. Mienten, calumnian; les encantan chismorrear; egoístas y codiciosos. Desean lo que no les pertenecen, traicionado hasta sus familiares y amigos, etc. Lo más grave es que lo sienten, son conscientes del mal llevándolo a cabo, olvidándose quiénes son. 

 

Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”

 

   Si Él no hubiera pronunciado estas Palabras, ahora mismo no existiríamos en el plano terrestre. Él vino a la tierra hacer la Voluntad de su Padre, no la suya. ¿Para qué vino? Sencillamente a traer la Luz de su Padre (La Vida): “Yo Soy el camino, la Verdad y la Vida”. El morir en la cruz no fue ningún sacrificio. Estas son palabras humanas del Ego material, no espiritual. Él vino para hablarle a la Humanidad que no estaban solos sino su Padre los había Creados a Imagen y Semejanza a Él. La Vida se alcanza con la Luz de las Virtudes, para que el alma oscura se ilumine con la Luz del Padre al hacer su Voluntad y permanezcan vivos aún después del fallecimiento de la materia. Dios, es Dios de vivos no de muertos: Yo Soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob: Soy el Dios de vivos, no de muertos. Para estarlos tenemos que hacer su Voluntad perfeccionado y purificando las Virtudes; sino perseveramos en las tinieblas. Por esta razón, las tinieblas (El mundo) no la han podido desaparecer: Juan Cap.8 Vers 12.

 

     “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo Soy la Luz del mundo, el que me sigue, no andará en Tinieblas, sino que tendrá la Luz de la Vida”. Cristo dijo: “Misericordia quiero y no sacrificios”.