*El Viajero Eterno *


 

Presentación

 

 

 La vida nos va enseñando a ser coherentes con nuestros sentimientos del Bien por el Bien mismo. La vida es el principio, la cual llamamos Alma. Su entendimiento nos va aconsejando a ser generosos, complacientes en los juicios y equitativos hacia los demás en el conocimiento de lo que la Sabiduría nos va iluminando poco a poco, para fortalecernos guiados por el Amor, que es la Voluntad al realizarnos en nosotros mismos.

 

La lámpara se ha encendido

Con la Luz de su mirar,

Nunca más los vendavales

La volverán a apagar”

 

     Dios es el Amor. La Creación es Amor. Nosotros los seres humanos, somos la manifestación de su Amor. El Amor es el Alma y es el Espíritu. El Amor es la Luz Divina que, estando dentro de nuestro cuerpo físico ocupa  nuestro pensamiento, fortalecido en el discernimiento del Bien a través de la dirección de nuestro Espíritu, engrandeciéndose y protegiéndose por la Verdad y la Justicia. El Amor que emanando de nuestro corazón abarca en su capacidad el infinito de su procedencia. El Amor guía en su Sabiduría el entendimiento de su alma, y la trayectoria de su Espíritu le enseña, le ayuda por medio de la Virtud de la caridad, a hacerse útil hacia los demás en la Enseñanza del Maestro cuando dijo: “No sepa tu mano izquierda, lo que hace tu derecha”.

 

     “La Verdad os hará libres”. Las impregnaciones que parasitan en nuestras almas de los deseos, de las envidia y de los celos, gobernando el pensamiento humano por desconocimiento, por ignorancia o por negligencia, nos hacen creer que debemos realizarnos en la vida apoyados por el orgullo, la soberbia y, en definitiva, dominados y encadenados por el egoísmo y en el interés.

 

     Este dominante que nos hace creer y pensar que somos así y posiblemente presumimos de una férrea “voluntad” para alcanzar todas nuestras ilusiones y caprichos nos encarcela impidiéndonos defender nuestra Alma, cuando el Yo-humano (voluntad) miente, tiene miedo, padece de rencores e interpreta el papel de hipócrita. Vemos con claridad que la voluntad del Alma en el Bien, es la Sinceridad. Mientras la voluntad en el (Ego) es la mentira.

 

Es fácil pues de entender que nuestro propio Amor, es decir, nuestra Alma y nuestro Espíritu no se ve realizado en su Sabiduría de los siglos que posee, por permitir el ser humano en su materia la dominación de las energías del mal (Las emociones) las cuales son las que gobiernan (en este Planeta) al que la inteligencia humana llama mundo. Así pues,  debemos razonar con cordura; preguntarnos: ¿Por qué las energías del mal quieren doblegar las fuerzas de la Voluntad del Bien? ¿Por qué las energías del mal tienen miedo y temor a la Voluntad del Bien al desarrollar su Amor? ¿Por qué las energías del mal en su astucia como usurpador y destructor, utiliza el pensamiento humano bajo “el disfraz” de las envidias y los celos para separar los matrimonios, los padres de los hijos, los amigos, las sociedades, destruyendo el principio del desarrollo del Amor fraternos al cual llamamos Amistad? “Bienaventurados los que trabajan por la Paz y concordia, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 9).

 

     El entendimiento nos guía al enseñarnos que lo importante no es el puesto que se ocupe socialmente, sino por el contrario, lo mejor que podamos realizarlo sintiendo que nuestra misión de cada día la cumplimos con la íntima satisfacción de vernos realizados hacia los demás. Por ello, el Alma va viviendo la libertad al sentirse útil alejada de las energías que gobiernan el mundo, dominando la voluntad porque aprehendió por sentido común al desechar de su Alma sus ideales materiales entorpecedores del bien general, viéndose como un Viajero eterno que a ratos se detiene en algún Planeta para continuar desarrollándose así mismo, respetando Las Leyes de la Creación para sentirse Esencia de ella.

 

“Sosiega el Alma y descansa,

Cuando ha sentido al Amor

Que viene sembrando rosas

Del color de su ilusión”

 

     En el transcurso de los siglos, cumple las Leyes eternas de los profetas: No le hagas a los demás lo que no quiere que se haga contigo”. Miles de años después: “Los Diez Mandamientos” para evolucionar en sí mismo sembrando su Bien a las personas: sean éstos sus padres, sus amigos, sus hijos; amándoles efectivamente como otros viajeros que bien le pueden enseñar el conocimiento que han aprehendido en los largos siglos de sus existencias.

 

     Como dice el Maestro: “Cuando veáis a un hombre que nada os pide y que todo os lo da por Amor al Bien y a la Justicia, corred detrás de él porque ése es un hombre de Dios. A él pedidle la Verdad, porque ese hombre ha merecido recibirla, no para él solo, sino para darla a todos los hombres. ¡Y la verdad os hará grandes, fuertes, invencibles! ¡La Verdad de Dios os hará libres!

 

Viajero del infinito

¿A dónde vas, corazón?

Y ciento que sus latidos

Me dicen entre gemidos

¡Que vas buscando el Amor!

Y en ansioso interrogante

Preguntas que dónde está

Porque nunca le has hallado

En lo que llevas andado

¡Peregrino del Ideal!

¡Viajero del infinito!...

Cese tu andar, corazón,

Que el Amor está en ti mismo,

Inmenso como un abismo

¡Porque Dios es el Amor!...”