Las Calumnias

Las Mentiras

 

 

“El hombre superior pone sus palabras en práctica antes de decirla y después habla de acuerdo con sus acciones” Confucio. Cómo decía Shakespeare: “Por qué te empeñas en robarme aquello que a ti no te enriquece pero a mí si me empobrece”.

 

El mentiroso se inmiscuye en las vidas de las personas para luego divulgar lo que escuchó al revés y empezar su obra de mal. ¿Sabes lo que oí? Ahí deja caer su calumnia. ¿Quién lo dijo? Pregunta el involucrado. No sé, no lo conozco pero escuché la conversación. Ya sembró su mal. ¿Haber si te enteras de quién es y me lo dices que se va acordar de mí? Se ha convertido en su esclavo, para lo que éste quiera más adelante. Cuando le vea de nuevo, le preguntará, ¿Te has enterado? No, estoy haciendo las gestiones, no te preocupes, le dice el Hipócrita: El mentiroso promete pero jamás cumple y si le das confianza -sin probarlo antes- te traiciona.

 

¿Han observado o escuchado las conversaciones de los dimes birretes de los chismes? Horas alimentadas a los mentirosos y calumniadores (energías del mal) y si por casualidad aparece una de las personas, entonces interrumpen la conversación y le ofrecen la mejor sonrisa. Aquí pasando el rato, le dicen las/los hipócritas. Anda, siéntate con nosotras/os. Esta catástrofe está en el Planeta porque no se ha aprendido del Mandamiento: No mentirás.

 

El mentiroso separa las novias/os, esposas/os, las empresas, las amigas/os, los padres de los hijos éstos de aquellos; y con todas las religiones, separa a sus fervientes de la Verdad de Cristo y de nuestro Padre. “Ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes” Confucio. Todas las almas de los seres humanos son muy viejas/os. Todos tenemos experiencias de la vida (los errores que hemos cometido nos ayudan a ello) pero por desgracia, somos negligentes y no aprendemos; volvemos a cometer el mismo error en las relaciones familiares y sociales, llevados por muchos afectos (energías del mundo animal) y éstos nos traicionan.

 

No somos justos con nosotros mismos y padecemos las “causas” que debimos haber corregido, aunque sean nuestros hijos. Cómo dice Salomón: “es preferible que llore ella/él, antes que lo hagas tú cuando seas mayor” (la niña/o caprichoso) De esta manera la astucia del mal (que no se ve por ahora) nos envuelve en un círculo vicioso y no vemos la salida padeciendo muchos años la misma situación: depresión inconsciente. Enfermedad del Alma.