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Los Mandamientos

No Dirás...

* Tu Ojo *

 

˜ Tu Ojo ˜

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     El Maestro, dice: “Si tu ojo ve lo bueno, cuánta Luz hay en ti, pero si tu ojo ve lo malo, cuántas no son tus tinieblas”. Es igual que el padre terrenal, al fallecer deja toda su herencia a su hijo y éste no escucha los consejos de los asesores de su padre, arruinándose.


Por ello, el desinterés, la generosidad, el olvido de sí mismo para pensar en los demás, es cualidad de los grandes, de los fuertes, de los que está cercano el divino altar de las nupcias eternas con el eterno infinito, como han sido los siervos, Apóstoles y los Profetas.

 


     Vamos comprendiendo que estas energías malignas nos gobiernan de tal manera que nos convierten en esclavos, utilizándonos el príncipe de este mundo, para alimentarse de nosotros, de la Luz de nuestras almas, que es la Vida. Como enseña Krisna: “¿Qué es lo que le impele a uno a los actos pecaminosos, aún involuntariamente, como si se lo obligaran a la fuerza?  Son intrusos dentro de nuestros cuerpos mentales, emocionales, afectivos y sexuales, provocándonos enfermedades en nuestros cuerpos físicos”.


      El simple padecimiento del rencor, puede llevar a la persona en su venganza a ingresar en un centro psiquiátrico; como el que acostumbra a decir mentiras (Hipócrita-cínico) puede provocarle una enfermedad psíquica; como los constantes enfados del orgullo y la soberbia, coléricos e iracundos, cuántos trastornos para su cuerpo físico, creándoles enfermedades y que hacen del propio hogar una continua borrasca de odios y de terrores. Ningún soberbio comprende que su mal lo lleva en sí mismo, y se empeña en cargar sobre otros la causa y la culpa que sólo está en él. La Ira en su ataque puede ocasionar la ceguera.


La obsesión de los celos puede convertir a una buena persona en un criminal. Como dice Krisna: “Los sentidos son tan fuertes e impetuosos que incluso arrastran a la fuerza la mente del hombre de buen juicio que se esfuerza por controlarlos; tanto el que cree que la entidad viviente es la que mata, como el que cree que ésta es matada, carecen de conocimiento, pues el Ser ni mata ni es matado. Una persona que sabe que el Espíritu es indestructible, eterno, original e inmutable, ¿cómo puede matar a alguien o hacer que alguien mate?”.


     Por esta razón, Moisés trajo para nuestra Humanidad la Ley eterna de: “No Matarás”, porque las personas no fueran instrumentos de Satanás, cuando el Maestro dijo: “Satanás, padre de la mentira y homicida desde siempre”.

     El deseo sexual gobierna las materias de tal manera que al desconocerse a sí mismo, son instrumentos de energías terribles para sus almas, que admitiéndolas, se alimentan de su Luz, de sus fuerzas, al complacerlas, superando en un grado muy superior al reino animal, que se unen en épocas de procreación.


    El hombre entregado a la lubricidad, ¿puede asombrarse de una vejez prematura y del agotamiento de su cuerpo convertido en un fantasma viviente? Los seres humanos, en el desconocimiento de sí mismos, se dejan llevar por las energías que, habitando dentro de sus cuerpos sexuales-emocionales-mentales, ven por sus propios ojos materiales, llevándolos a que se deseen, se quieran, se enamoren, se satisfagan y se abandones, siempre por las mismas energías afines. Otros ni se plantean este proceso: se desean y se satisfacen, dejándose dominar por sus pasiones (que las llaman amor), que los arrastran en todo género e excesos, traspasando las Leyes de la Naturaleza. ¡Qué tristeza para su alma!


     Como dice el Maestro: “Los dolores que os vienen sin buscarlos son emisarios de la Divina Justicia y de la propia conciencia, que os obliga así a redimiros, experimentando en carne propia el dolor injusto causado a vuestros semejantes”


    “Bueno es analizar la causa y el origen de todos vuestros padecimientos, porque también los hay y muy duros que son consecuencia inmediata de vuestros desaciertos y transgresiones a las leyes de la Naturaleza, que es celosa de sus dominios”.


    “Todos los excesos que comete el hombre en el curso de su propia vida, se manifiestan más tarde o más temprano en su organismo en forma de enfermedades terribles, que se transmiten a sus descendientes”.


    Entonces, ¿por qué clamáis a Dios que tenga piedad de vosotros, si no la tenéis con vosotros mismos?”



     Así vemos cómo incumpliendo el Mandamiento Divino de: “No Robarás”, permitimos que estas energías, a las cuales venimos llamando Hipócrita-cínico, nos roben de tal manera que vivimos en la más completa angustia; sentimiento del alma al sentirse atropelladas/dos, atrapadas/dos, y encarceladas/dos, por éstas energías malignas, gobernando nuestros cuerpos: mentales, emocionales, afectivos, sexuales, haciéndonos sentir la soledad.


    La Verdad es eterna, el Amor infinito y, la Ley es inexorable.


    Por todo lo expuesto, para que el alma (Amor divino) aprehenda del cuerpo físico, conociéndose a sí mismo; la materia se hizo para el Espíritu, y no el Espíritu para la materia; no siendo su esclavo sino el Rey, debe mantener la Sabiduría en su mente, la Justicia en sus labios y el Amor en su corazón.


“Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay sea Tinieblas”