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Los Mandamientos

No Dirás...

* Mahoma *

 

˜ Mahoma ˜

 

capitulomandamiento


 

      Al egoísta le sucede lo mismo que al hipócrita, no ve su propio beneficio. Al Hipócrita le gobierna el cínico; al ambicioso le gobierna la codicia; al codicioso lo gobierna el egocentrismo; A todos estos los destruye el Interés al esclavizarlos: Satanás.

 

 

      El Hipócrita actúa con alevosía y le mueve la ilusión material: el capricho, el interés, la concupiscencia, el egoísmo, la vanidad. Mahoma dijo: “El Hipócrita, cuando habla miente, cuando promete no cumple y cuando le das confianza te traiciona”. Es banal.


      Tzen-Chang escribió del hipócrita: “El hipócrita encubre siempre con hermosas apariencias las faltas que ha cometido”.


      Al cínico le mueve la venganza, la infidelidad, los celos, la defección, la codicia, la perfidia, la soberbia, el odio, es un perjurio, el orgullo, la envidia, la avaricia, la lujuria. Emplea la ironía: Es un Judas.


      El cínico utiliza al Hipócrita como espía (El traidor) para vengarse, dejando siempre una puerta abierta (La falsa amistad) para que cuando sus proyectos fracasen, en su interés, lo tome Satanás como instrumento suyo para prepararle en la venganza.


     La Ley divina dice: “No levantarás falso testimonio ni mentir. Porque sólo la Verdad puede ser maestra de los hombres y llevarles al más alto grado de progreso en las ciencias, en la filosofía y en la religión”.


    “La Verdad es educadora y constructiva. La mentira corrompe y destruye, porque ataca a la lógica, a la razón y a la fe”.


     Vamos comprendiendo que la inteligencia animal (Instintos primarios) por propia evolución de un Reino inferior, nacido en nosotros mismos, habita en el cerebro físico humano: El Alma.


     Sin embargo no nos lleva a conocernos a nosotros mismos, porque como nos enseña el Maestro: “El instinto de propia conservación puesto por Dios, como oculta fuerza en todo ser que vive, os impulsa a esquivar el peligro. Más Yo os digo, que cuando el Espíritu ha despertado plenamente a la realidad de su vida eterna, aparece en él una fuerza superior al instinto, que le lleva a obrar de acuerdo con ella, sin que le detenga, en su ímpetu carrera, ningún peligro de muerte que se ponga en su paso”.