La Fé

Capítulo *70*


 La fe “no” es creer en Cristo (todos los religiosos que se llaman y, cristianos) sino creer “a” Cristo. La fe para ella/él que no sepa nada de sí mismo es creer en Dios, primeramente. Así hay miles de millones de personas -creyentes o no- que no saben por qué creen en Dios: Dios existe para ella/él.


Él que comprende, nació en este Planeta por alguna causa; no nacer y morir y se acabó su vida, no tiene sentido común en absoluto. Sí, ella/él cree, se lo dictó su Alma sin palabras porque Ella lo siente y ¿por qué lo expresa sin saber nada de las religiones? Sencillamente su Alma lo aprendió.


Cómo cuando miente su Alma se lo hace conocer sin aprenderlo de los Mandamientos o cualquiera otra acción: No lo hagas nada malo a los demás porque a ti no te gustaría que te lo hicieran. Éste sentimiento está grabado en todos los corazones de los seres humanos. Creyentes o no. Él creyente que lo ejecuta tiene mayor pecado porque dice: “creo”.


Volvamos a la fe. ¿Cuándo se pregunta por qué cree en Dios? Su Alma le contesta sin palabras: Él te ha dado la vida que Soy. Y, ¿cómo puedo hacer para que mi vida haga su Voluntad? Rectifica esta vida que llevas. Así empezó a caminar en su vida diaria viviendo “dos vidas en una”; una que conoce y la otra: la Vida un misterio para ella/él. Han pasado muchos años -más de los que representa- y la fe le hace ser consciente de que sus pensamientos; los sentimientos de su Alma, cuando hablan con Dios es consciente que Él le está escuchando, no por fe sino llegó a Comprender que Él -su Luz- vive en su Alma y Espíritu: ha encontrado la libertad en un mundo de maldad.


Las pruebas le han enseñado que debe guardar silencio, porque si habla, volverán a repetirse con mayor virulencia, por sembrar sus males en otras personas: padece las suyas y las sembradas en los otros. El silencio es la “Humildad”. Debe guardar la Luz -de la prueba- para entregársela a su Espíritu para que la guarde. El error o pecado del creyente es que habla demasiado y siempre está en su “circulo vicioso”, no adelanta aunque la ilusión de su mal, le hace saber qué su fe y la Gracia le salvarán. Sólo tiene que mirar su vida y comprenderá que de sí mismo no sabe nada.