* Marco Aurelio *

Meditaciones

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MEDITACIONES

 


LIBRO II

Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable.

 

Todo esto les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle.

 

Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores.

 

Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa.

 

Esto es todo lo que soy: un poco de carne, un breve hálito vital, y el guía interior. ¡Deja los libros! No te dejes distraer más; no te está permitido. 

 

Sino que, en la idea de que eres moribundo, desprecia la carne: sangre y polvo, huesecillos, fino tejido de nervios, de diminutas venas y arterias.

Mira también en qué consiste el hálito vital: viento, y no siempre el mismo, pues en todo momento se vomita y de nuevo se succiona.

En tercer lugar, pues, te queda el guía interior. Reflexiona así: eres viejo; no consientas por más tiempo que éste sea esclavo, ni que siga aún zarandeado como marioneta por instintos egoístas, ni que se enoje todavía con el destino presente o recele del futuro.

Las obras de los dioses están llenas de providencia, las de la Fortuna no están separadas de la naturaleza o de la trama y entrelazamiento de las cosas gobernadas por la Providencia.

 

De allí fluye todo.  Se añade lo necesario y lo conveniente par el conjunto del universo, del que formas parte. Para cualquier parte de naturaleza es bueno aquello que colabora con la naturaleza del conjunto y lo que es capaz de preservarla.

 

Y conservan el mundo tanto las transformaciones de los elementos simples como las de los compuestos. Sean suficientes para ti estas reflexiones, si son principios básicos. Aparta tu sed de libros, para no morir gruñendo, sino verdaderamente resignado y agradecido de corazón a los dioses.

 

Recuerda cuánto tiempo hace que  difieres eso y cuántas veces has recibido avisos previos de los dioses sin aprovecharlos.

 

Preciso es que a partir de este momento t e des cuenta de qué mundo eres parte y de qué gobernante del mundo procedes como emanación, y comprenderás que tu vida está circunscrita a un período de tiempo limitado.

 

 

 

 

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LIBRO IV

 

 

El dueño interior, cuando está de acuerdo con la naturaleza, adopta, respecto a los acontecimientos, una actitud tal que siempre, y con facilidad, puede adaptarse a las posibilidades que se le dan.

 

 

No tiene predilección por ninguna materia determinada, sino que se lanza instintivamente ante lo que se presenta, con prevención, y conviene en materia para sí incluso lo que le era obstáculo; como el fuego, cuando se apropia de los objetos que caen sobre él, bajo los que una pequeña llama se habría apagado.

 

 

 

Pero un fuego resplandeciente con gran rapidez se familiariza con lo que se arroja encima y lo consume totalmente levantándose a mayor altura con estos nuevos escombros.

 

Ninguna acción debe emprenderse al azar ni de modo divergente a la norma consagrada por el arte.

 

Se busca retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros. Pero todo eso es de lo más vulgar, porque puedes, en el momento que te apetezca, retirarte en ti mismo.

 

 

En ninguna parte un hombre se retira con mayor tranquilidad y más calma que en su propia alma; sobre todo aquel que posee en su interior tales bienes, que si se inclina hacia ellos, de inmediato consigue una tranquilidad total.

 

Y denomino tranquilidad única y exclusivamente al buen orden.

 

 

 

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LIBRO V


Al amanecer, cuando de mala gana y perezosamente despiertes, acuda puntual a ti este pensamiento: "Despierto para cumplir una tarea propia de hombre." ¿Voy, pues, a seguir disgustado, si me encamino a hacer aquella tarea que justifica mi existencia y para la cual he sido traído al mundo?¿O es que he sido formado para calentarme, reclinado entre pequeños cobertones?


"Pero eso es más agradable." ¿Has nacido, pues, para deleitarte? Y, en suma, ¿has nacido para la pasividad o para la actividad? ¿No ves que los arbustos, los pajarillos, las hormigas, las arañas, las abejas, cumplen su función propia, contribuyendo por su cuenta al orden del mundo? Y tú entonces, ¿rehúsas hacer lo que es propio del hombre? ¿No persigues con ahínco lo que está de acuerdo con tu naturaleza?


"Mas es necesario también reposar." Lo es; también yo lo mantengo. Pero también la naturaleza ha marcado límites al reposo, como también ha fijado límites en la comida y en la bebida, y a pesar de eso, ¿no superas la medida, excediéndote más de lo que es suficiente?

Y en tus acciones no sólo no cumples lo suficiente, sino que te quedas por debajo de tus posibilidades.


Por consiguiente, no te amas a ti mismo, porque ciertamente en aquel caso amarías tu naturaleza y su propósito. Otros, que aman su profesión, se consumen en el ejercicio del trabajo idóneo, sin lavarse y sin comer. Pero tú estimas menos tu propia naturaleza que el cincelador su cincel, el danzarín su danza, el a varo su dinero, el presuntuoso su vanagloria.


Éstos, sin embargo, cuando sienten pasión por algo, ni comer ni dormir quieren antes de haber contribuido al progreso de aquellos objetivos a los que se entregan. Y a ti, ¿te parecen las actividades comunitarias desprovistas de valor y merecedoras de menor atención?


Cuan fácil es rechazar y borrar toda imaginación molesta o impropia, e inmediatamente encontrarse en una calma total!


Júzgate digno de toda palabra y acción acorde con la naturaleza, y no te desvíe de tu camino la crítica que algunos suscitarán o su propósito; por el contrario, si está bien haber actuado y haber hablado, no te consideres indigno.


Pues aquéllos tienen su guía particular y se valen de su particular inclinación. Mas no  codicies tú esas cosas, antes bien, atraviesa el recto camino consecuente con tu propia naturaleza y con la naturaleza común; pues el camino de ambas es único.


Camino siguiendo las sendas acordes con la naturaleza, hasta caer y al fin descansar, expirando en este aire que aspiro cada día y cayendo en esta tierra de donde mi padre recogió la semilla, mi madre la sangre y mi nodriza la leche; de donde, cada día, después de tantos años, me alimento y refresco, que me sostiene, mientras camino, y que me aprovecha de tantas maneras.


"No pueden admirar tu perspicacia." Está bien. Pero existen otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: "No tengo dotes naturales.". Procúrate, pues, aquellas que están enteramente en tus manos: la integridad, la gravedad, la resistencia al esfuerzo, el desprecio a los placeres, la resignación ante el destino, la necesidad de pocas cosas, la benevolencia, la libertad, la sencillez, la austeridad, la magnanimidad. 


¿No te das cuenta de cuántas cualidades puedes procurarte ya, respecto a las cuales ningún pretexto tienes de incapacidad natural ni de insuficiente aptitud?


Con todo, persistes todavía por propia voluntad por debajo de tus posibilidades. ¿Acaso te ves obligado a refunfuñar, a ser mezquino, a adular, a echar las culpas a tu cuerpo, a complacerte, a comportarte atolondradamente, a tener tu alma tan inquieta a causa de tu carencia de aptitudes naturales? No, por los dioses.


Tiempo ha que pudiste estar libre de estos defectos, y tan sólo ser acusado tal vez de excesiva lentitud y torpeza de comprensión. Pero también esto es algo que debe ejercitarse, sin menospreciar la lentitud ni complacerse en ella.


Existe cierto tipo de hombre que, cuando ha hecho un favor a alguien, está dispuesto también a cargarle en cuenta el favor; mientras que otra persona no está dispuesta a proceder así.



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BOOK II

Begin each day by telling yourself: Today I shall be meeting with interference, ingratitude, insolence, disloyalty, ill-will, and selfishness –all of them due to the offenders’ ignorance of what is good or evil.

 

But for my part I have long perceived the nature of good and its nobility, the nature of evil and its meanness, and also the nature of the culprit himself, who is my brother ( not in the physical sense, but as a fellow-creature similarly endowed with reason and a share of the divine); therefore none of those things can injure me, for nobody can implicate me in what is degrading. Neither can I be angry with my brother or fall foul of him;

 

...  for he and I were born to work together, like a man’s two hands, feet, or eyelids, or like the upper and lower rows of his teeth.

 

To obstruct each other is against Nature’s law –and what is irritation or aversion but a form of obstruction?

 

A little flesh, a little breath, and a Reason to rule all –that is myself. (Forguet your books; no more hankering for them; they were no part of your equipment.)

 

As one already on the threshold of death, think nothing of the first –of its viscid blood, its bones, its web of nerves and veins and arteries.

 

 

The breath, too; what is that? a whiff of wind, and not even the same wind, but every moment puffed out and drawn in anew.

 

But the third, the Reason, the master –on this you must concentrate. Now that your hairs are grey, let it play the part of a slave no more, twitching pupetwise at e very pull of self-interest; and cease to fume at destiny by ever grumbling at toda or lamenting over tomorrow.

 

The whole divine economy is pervaded by Providence. Ev en the vagaries of chance have their place in Nature’s scheme; that is, in the intrincate tapestry of the ordinances of Providence.

 

Providence is the source from which all things flow; and allied with it is Necessity, and the welfare of teh universe. You yourself are a part of that universe, and for any one of nature’s parts, that which is assingned to it bytyhe World-Nature or helps to keep it in being is good.

 

Moreover, what keeps the whole world in being is Change: not merely change of the basic elements, but also change of the larger formations they compose. On this thoughts rest content, and ever hold them as principles. Forget your thirst for books; so that when your end comes you may not murmur, but meet it with a good grace and with unfeighned gratitude in yur heart to the gods.

 

Think of your many years of procrastination; how hte gods have repeatedly franted you further periods of  grace, of wich you have taken no advantage.

 

It is time now to realiza the nature of the universe to wich you belong, and of that controlling Power whos offspring you are; and to understand that yor time has a limit set  to it. 

 

 

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BOOK IV



That inward mistress part of man if it be in its own true naturral temper, is towards all wordly chances and events ever so disposed and affected, that it will easlily turn and apply itself to that which may be, and is withing its own power to compass, when that cannot be which at first it intended.


For it never doth absolutely addict and apply itself to any one object, but whatsoever it is that it doth now intend and prosecute, it doth  prosecute it with exception and reservation; so that whatsoever it is that falls out contrary ti its first intentions, even that afterwards it makes its proper object. Even as the fire when it prevails upon those things that are in his way; by which things indeed a little fire would have been quenched.


But a great fire doth soon turn to its own nature, and so consume whatsoever comes in his way: yea by those very things it is made greater and greater.


Let nothing be done rashly, and at random, but all things according to de most exact and perfect rules of art.


They seek for themselves private retiring places, as country villages, the sea-shore, mountains; yea thou thyself art wont to long much after such places. But all this thou must know proceeds from simplicity in the highest degree. At what time soever thou wilt, it is in thy power to retire into thyself, and to be at rest, and free from all business.


A man cannot any whither retire better than to his own soul; he especially who is beforehand provided of such things within, which whensoever he doth withdraw himself to loo in, may presently afford unto him perfect ease and tranquillity.


By tranquillity I understand a decen orderly disposition and carriage, free from all confusion and tumultuousness.





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BOOK V



At day's first light have in readiness, against disinclination to leave your bed, the thought that "I am rising for the work of man". Must I grunble at setting out to do what I was born for, and for the sake of which I have been brought into the world? Is this the purpose of my creation, to lie here under the blankets and keep myself warm?



"Ah, but it is a great deal more pleasant!" Was it for pleasure, then, that you were born, and not for work, not for effort? Look at the plants, the sparrows, ants, spiders, bees, all busy at their own tasks, each doing his part towards a coherent world-order, and will you refuse man's share of the work, intead of being prompt to carry out Nature's bidding?



"Yes, but one must have some repose as well."  Granted; but repose has its limits set by nature, in the same way as food and drink have; and you overstep these limits, you go beyond the point of sufficiency; while on the other hand, when action is in question, you stop short of what you could well achieve.


You have no real love for yourself; if you had, you would love your nature, and your nature's will. Craftsmen who love their trade will spend themselves to the utmost in labouring at it, even going unwashed and unfed; but you hold your nature in less regard than the engraver does his engraving, the dancer his dancing the miser his heap of silver, or the vainglorious man his moment of glory.



These men, when their heart is in it, are read to sacrifice fgood and sllep to the advancement of their chosen pursuit. Is the service of the community of less  worth in your eyes, and does it merit less devotion?



O the consolation of being able to thrust aside and cast into oblivion every tiresome intrusive impression, and in a trice be utterly at peace!


Reserve your right to any deed or utterance that accords with nature. Do not be put off by the criticisms or comments that may follow; if there is something good to be done or said, never renounce your right to it.



Those who criticize you have their own reason to guide them, and their own impulse to prompt them; you must course and follow your own nature and the World Nature (and the way of these two is one)