Huerto de Filón

¿Quién es el Heredero de las Cosas  Divinas?


 

∼  1º Parte  ∼

 

"El que las busca hasta encontrarlas."


El que las desea hasta llegar a amarlas.


El que les consagra toda la vida y

es como una lámpara eterna ardiendo al pié
de un altar.
"Más aún: es el que se ha convertido en tabernáculo
donde mora la Divinidad.
"¿Cuál es el camino que ha de seguir el alma para
llegar a este punto final de su eterno vivir?
"Es el yermo áspero y solitario.
"Mas este yermo, no es el desierto de peñascales
pavorosos y de arenas ardientes que abrasan los pies.
No es el apartarse de sus semejantes, ni el huir de 
las ciudades, ni vestir sayal y capuchón.
"No es el ayunar a pan y agua y someter el cuerpo
físico a torturas y maceraciones.
"Es el vivir entre los humanos incapaces de
comprenderle.
"Es el vivir entre el torbellino del egoísmo, del 
odio, de la maledicencia, de la impudicia, de la
falsedad, de la hipocresía, de todas las ruindades en
que vive la criatura humana, ignorante de quién es; de
dónde vino y a dónde va. Tal es el yermo áspero y
solitario en que vive el heredero de las cosas
divinas.
"Allí tendrá sed y no encontrará una fuente de aguas
limpias para beber.
"Allí tendrá hambre y no encontrará sino guijarros1
cortantes y zarzales espinosos que harán sangrar sus 
labios y sus manos.
"Sentirá el cansancio y la fatiga, y no habrá un árbol
que le ofrezca su sombra para descansar, ni una
gavilla de heno para reposar su cabeza ardiente de
fiebre.
"Sentirá el frío de la intemperie, la nieve cayendo 
sobre sus carnes desnudas y no habrá quien comparta
con él su techo, ni quien le ofrezca la mitad de su
manto, ni una piel de bestia para cubrir su desnudez.
"Sentirá la necesidad de un pecho amigo para desahogar 
la tristeza de su vida, pero no encontrará quien
comparta su sentir, ni quien llegue a comprender el
por qué de sus ansias, de su búsqueda, de sus
insaciables anhelos.
"Es así el yermo áspero y solitario que ha de 
atravesar el heredero de las cosas divinas.
"¡Oh desventurado peregrino incansable! ¿Por qué no
vuelves pié atrás y tomas la senda florida de los que
ríen de los que cantan, de los que danzan eternamente 
alegres y felices? ¿No les tienes envidia? ¿No les ves
sonrosados y dichosos, satisfechos de la vida,
corriendo siempre tras del placer? ¿No puedes hacer tú
lo mismo?

 


 

∼ 3º Parte ∼

 

"Y volviendo tu mirada hacia atrás por las sendas que 
has recorrido, te asombrarás de haber pasado por las
llamas de todas las corrupciones sin quemarte; por las
ciénagas pantanosas de los vicios humanos sin manchar
tu vestidura; por el yermo áspero y pavoroso de todos 
los egoísmos, desamor, ingratitud, abandono, soledad,
pobre/a, traiciones, sin haber claudicado en tu Yo
íntimo con tu Eterno Padre Invisible!
"Y caminando entre los hombres, o caminando en las
soledades, dormido o despierto, orando o trabajando 
escucharás siempre esta misma melodía:
Bienvenido tú hijo mío que me has amado sobre todas
las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.
"Eres dueño de tu vida y mandas sobre la muerte."
"Cuando quieras entrar en la posesión de la herencia 
eterna que has conquistado, este Reino mío que es
tuyo, ven a mis brazos que te espera mi amor Para
coronarte de amor".
"|Oh feliz heredero de las cosas divinas! Lo que mucho
vale mucho cuesta. No lo olvides cuando vagando 
solitario y triste por este valle de las angustias de
muerte, sientas desfallecer tu corazón y caer sin
alientos tus brazos ante la matadora incomprensión
humana.
"No lo olvides cuando el desamor y el abandono 
siembren de escarchas y nieves tus caminos en los que
tú sembraste para otros rosas y madreselvas. No lo
olvides cuando todas las luces de la tierra se hayan
apagado para ti allí mismo donde tú encendiste
luminarias para alumbrar a los viandantes de los
caminos de la vida.
"Lo que mucho vale, mucho cuesta; y no es de las
criaturas más míseras y pequeñas que tú de quien debes
esperar nada, absolutamente nada, sino de tu Eterno 
Padre Invisible que te sigue con la mirada, que sonríe
con tus triunfos, que recoge con amor tus
renunciamientos heroicos y los escribe con fuego
divino en sus archivos de luz; que te envía sus
ángeles que te guardan como a la niña de sus ojos 
porque eres su heredero eterno en quien tiene sus
complacencias.
"Todo esto y más, mucho más, que la pluma no sabe
estampar, ni el pensamiento humano alcanza a percibir
a través de la vasta inmensidad de cristal en que se 
plasma la Idea Divina, es la herencia eterna tuya

 

 

 

∼ 2º Parte ∼

 

"Así aullará la voz del mal como silbido de serpiente, 
enroscada en las arenas del yermo, asechando el andar
vacilante del peregrino entristecido.


"Pero cuando todo esto haya sido soportado
heroicamente y vencido; cuando todo esto haya quedado
atrás y allá muy lejos de tu senda,

¡Oh feliz 
caminante de las sendas de Dios! entonces verás que se
enciende tu estrella en lo alto de una colina verde y
florida, donde los pájaros cantan y se arrullan las
tórtolas;

donde la fuente abre el cristal de sus aguas 
serenas, y las dulces palmeras te abanican con sus
hojas, te alimentan con sus frutos; y el suave heno de
los campos alfombra la senda de tus pies, y las mieses
te brindan sus espigas y como corona merecida para tu 
afiebrada cabeza, la mano suave de un amigo, las rosas
frescas de un amor, les lirios de la amistad... un
corazón abierto a tus confidencias, dulce a tus penas,
miel a tu boca lastimada de espinas, de zarzas, de 
guijarros cortantes.
"El dolor, la soledad, el abandono, la incomprensión,
la ingratitud, el engaño, te habrán purificado, te
habrán acrisolado hasta dejarte convertido en una
lámpara eterna ardiendo al pié de un altar, en un 
tabernáculo vivo donde toda la Majestad Divina
reposará con infinito deleite.
"Recién entonces vendrá a ti el poder que te hará
dominar las furias del mar embravecido, la avalancha
de los huracanes que pasan devastando campos y 
ciudades; la voracidad destructora de los incendios;
las bestias enfurecidas, los asesinos asestando
puñaladas en la sombra.

Entonces los ángeles de Dios
bailarán hasta ti a dialogar contigo, a traerte
mensajes celestiales, a llenar tu alma de paz y de 
consolación. Y como a Moisés desde los velos de nubes
de nácar te dirán:

"Golpea con tu vara ese peñasco y
el agua saltará cantarina y fresca para calmar tu
sed".
"¡Y la Divina Presencia se hará sentir en lo profundo 
de tí mismo como una sinfonía angélica en que perderás
la noción del mundo y de la tierra, de los seres y de
las cosas porque sólo vivirás para aquella intensa
felicidad vibrando en ti mismo como cien arpas cólicas 
suspendidas desde los cielos sobre tu ser divinizado!


"Recién entonces comprenderás que eres un ángel de
Dios desterrado en este valle de las angustias de
muerte.

 


 

∼   4º Parte  ∼

 

comprada con todos los vencimientos y renunciaciones
que habrán estrujado como fruta madura tu corazón; con
todas las lágrimas que habrás llorado en tus múltiples 
existencias terrestres, sin que ninguna mano amiga las
haya secado, ni ojos humanos las hayan visto, ni
corazón de hombre haya compartido tu sufrir.
"¡No lo olvides!... Para llegar a ser heredero de las
cosas divinas, es necesario a veces dar saltos en el
vacío, aún ignorando que los ángeles de Dios te
sostendrán en sus brazos para evitarte la caída al
abismo. ¡Los ángeles de Dios que velaron sobre Jacob
pastoreando día y noche ganados que no eran suyos! 
¡Los ángeles de Dios que velaron las peregrinaciones
largas y dolorosas de Abraham que levantaba un altar
en cada jornada y en su oración silenciosa preguntaba
llorando a Jehová: —¡Señor! ¿a dónde me llevas? Los 
ángeles de Dios que envolvían de luz y de fuego la
persona de Moisés, cuando calmaba la furia de su
pueblo enloquecido de hambre y de sed, cuando su dedo
de diamante abría grietas en la roca y saltaba el agua 
en torrente incontenible, cuando escribía en láminas
de piedra la eterna Ley del Sinaí.
"¡Tu fe vacilante podrá sugerirte alguna vez que tú no
eres Jacob, ni Abraham, ni Moisés y la desesperanza se
adueñará de tu alma como helada agonía!... 
"¡Oh feliz heredero de las cosas divinas! eres un
nuevo Jacob, un nuevo Abraham, un nuevo Moisés andando
por su misma senda, saboreando el mismo amargo acíbar,
atravesando el mismo páramo solitario y pedregoso sin 
más calor que el de tu propio corazón agonizante...
sin más agua que las de tu Manto que nadie secará sino
el viento silbando entre los peñascos... ¿Crees acaso
que ellos conquistaron a menor precio la eterna 
herencia que te está destinada ?...
"¡Ya clarea tu día de gloria, de paz y de amor!...
¡Cuan feliz serás viendo en tu mano las cosas divinas,
los poderes supremos de tu Eterno Padre Invisible,
morador de tu tabernáculo interno... aquel que le has 
formado con las cien columnas de alabastro de la
pureza de tu vida; con el oro resplandeciente de todos
tus sacrificios, con los velos de púrpura de la sangre
viva de tu corazón renunciando a todo cuanto halagaba 
tus sentidos empobreciendo tu espíritu!...
"¡Excelcior!... ¡peregrino eterno de los siglos y de
los mundos!... ¡Eres grande porque caminas sin
apoyarte en nada! ¡Eres fuerte porque has vencido
todo, y hasta a ti mismo! 
"¡Eres el heredero de las cosas y poderes divinos
porque tienes a Dios en ti mismo y para siempre!
"¡Comprende!... ¡Oye! ¡No lo olvides nunca: eres por
fin un Hijo de Dios y ese Eterno Padre Invisible tiene 
en ti sus complacencias infinitas!"

 

 


Los Desterrados y Las Alianzas

huerto

∼ LOS DESTERRADOS Y LAS ALIANZAS ∼

 

Desde la eternidad sin principio, la Eterna Potencia tejió con su aliento inmensas nebulosas, cargadas de fuerzas estupendas, de actividades maravillosas que esparcieron como puñados de arenillas de oro, soles y estrellas a millares de millones por  la inmensidad infinita. Y así surgieron los mundos enlazados unos con otros por vínculos indestructibles y eternos, que en danzas gigantescas y giros vertiginosos perfeccionan sus vidas como el artista del pincel perfecciona su lienzo, y el de escultor modela una estatua hasta hacer de un trozo de mármol una figura humana, que emite el pensar, el sentir, el sufrir y el querer de un ser con vida propia.

 

Nada queda por hacer al  Eterno Artífice de los mundos, que se van poblando de vidas paulatinamente a medida que adquieren la capacidad necesaria para producir, conservar y perfeccionar esas vidas.

Y en ese infinito y maravilloso rodaje, unos aventajan a los otros como eternos viajeros del infinito que corren más y más hasta alcanzar el ideal supremo de vida prefecta, de igual manera que las humanidades y vidas sostenidas y alimentadas en ellos.

 

La caravana eterna y grandiosa de los mundos se asemeja a las pequeñas caravanas en los caminos de la Tierra, se mueven continuamente ya en agrupaciones que los hombres han denominado “Sistemas “, ya aisladamente en pequeños grupos íntimos como si entre los inmensos soles que resplandecen en la inmensidad hubiera también afinidades, amistades, familias.

 

Es fácilmente visible para el observador inteligente, la solidaridad que existe entre los globos de un mismo sistema y aún de todos los sistemas de un determinado campo sideral.

 

 Y como se observa esta invariable solidaridad entre los mundos, la hay igualmente entre las Inteligencias Superiores que les guían, dirigen y encauzan su progreso incesante, su evolución eterna a través de incontables edades.

 

Son como hermanos nacidos de un mismo seno materno, cobijados bajo un mismo techo, alimentados por el mismo pan.

 

Concretándonos tan solo a nuestro universo de mundos visibles desde la Tierra, en que ruedan majestuosamente muchos sistemas grandes o pequeños, compañeros o vecinos del nuestro, podemos decir que Setenta Inteligencias Superiores llamadas Mesías vigilan incesantemente las humanidades que los habitan.

 

Cuando el alumno de una Escuela ha  llenado en absoluto el programa de un año de estudio, es llevado a un aula de enseñanza superior; de igual modo ocurre en los mundos con las almas destinadas a encarnar en ellos. Evolucionan los globos y evolucionan las almas. Y los Maestros de estas grandiosas Escuelas hacen de tiempo en tiempo, o sea de ciclo en ciclo, la debida selección a fin de que la evolución de las humanidades esté a tono con la evolución del globo que habitan.

 

Y de esta ley, ineludible y eternamente en vigencia, viene a resultar, que al hacer los Maestros la debida selección, encuentran parte de una humanidad retrasada en relación con el adelanto del globo que habitan. ¿Qué harán con esa porción de almas retardadas en su progreso eterno? No pueden abandonarlas porque el Amor es ley universal en todos los mundos. Las entregan a la tutela del Maestro o Guía de un mundo de  inferior evolución, a donde van con la consigna de colaborar con él para la instrucción y elevación de aquella humanidad más primitiva.

 

Y este es el origen de las grandes e indestructibles alianzas entre esas almas retardadas, recogidas con infinito amor por un Maestro, a cuyo sagrado manto se prenden con locuras de amor llamándole su padre, su salvador, su conductor, su guía para toda la eternidad.

 

Lo que refiero en términos generales debo concretarlo con referencia a nuestro globo terrestre.

Había llegado la hora solemne y grandiosa en los anales eternos del Planeta Venus, en que la Ley Suprema del Amor, debía reinar en absoluto.

 

 

Donde el Amor reina, todas las leyes sobran –dice el viejo proverbio. Allí terminan las prisiones, las cadenas, las esclavitudes, las tiranías, las penalidades de toda especie. Es el Reinado eterno del Amor.

 

Pero en Venus había una porción de almas retardadas, en quienes estaba vivo y fuerte el egoísmo de lo tuyo y lo mío.

 

Estaban pues fuera del tono para la evolución del planeta Venus. Debían ser conducidas a otro globo inferior. El Mesías de aquel Planeta legado a la morad a de paz, de sabiduría de amor, la dulce Odina comparada por los más sutiles clarividentes a un ser tejido con hebras de luz estelar en un vergel de lirios blancos, llamó aen su auxilio a su hermano gemelo de evolución, el Mesías de la Tierra, mundo de inferior progreso, para que tomase, una legión de espíritus venusianos bajo la égida soberana del Mesías de la Tierra, entraron en su esfera astral para tomar una nueva existencia carnal en el plano físico terrestre.

                                                           Leer más → →

 

Semblanza

huerto

∼ SEMBLANZA ∼


 

De estatura baja, cuerpo delgado, conservó en su vestimenta el largo al tobillo y la sencillez en toda ella. Sin adorno y maquillaje, se peinaba el largo cabello hacia atrás, terminando en un rodete en la nuca, cubriendo su cabeza con el capelo.

 

De ojos grandes, color negro, mirada leal, sincera, suaves, en los que no había dobleces. Manos delicadas, delgadas, dedos largos y finos, hechas para la prosa y la poesía.

 

De voz suave y pausada. De andar ligero, los que la acompañaban debían acelerar los pasos. De trato cordial y afectivo. En la intimidad de su alcoba-escritorio, en las horas de soledad y silencio, escribía en cuadernillos hechos por ella misma, lo que se ha dado a conocer como la “Obra de la Fraternidad Cristiana Universal”.

 

Estando los mismos a resguardo del deterioro o manoseo. Supo enfrentarse, con toda serenidad, a las impertinencias y prepotencias de inconscientes, dando respuestas cortas y sencillas, con tal lógica que desarmó a más de un bruto, aunque la precesión fuera por dentro.

 

Cumplió a mis ojos y sentir humano con su propia Ley para concretar la Obra, contra vientos y mareas, soportando bravas tormentas sin claudicar de su pacto con el  Divino Maestro.  Siendo el Amor de Él y a Él, soporte de su angustias y soledades interiores y exteriores.

 

Reflexionad que en su Obra trajo nuevamente al Cristo a la  Tierra, tal cual lo sentimos vivir en nuestro corazón.

 

Firma: Hugo Jorge Ontivero Campo –Depositario legal, colaborador y esposo de la escritora.

 

Biografía

huerto
 

 

Josefa Rosalía Luque Álvarez

 

Biografía

 

Nació en la ciudad de Villa del Rosario, provincia de Córdoba, República Argentina, el día 18 de marzo del año 1893. Siendo sus padres Don Rafael Eugenio Luque y Doña Dorotea Álvarez. Educada en el colegio de las Carmelitas Descalzas de la ciudad de Córdoba.

 

Radicada desde el año 1932, en una isla del delta bonaerense en la localidad de Tigre, fundó la escuela “Fraternidad Cristiana Universal” en el año 1938. Siendo sus fundamentos; el cultivo interior por el “conocimiento de sí mismo”, y la unión íntima con la Divinidad por la meditación conjuntamente con el buen pensar, sentir y obrar.

 

Siendo la tetralogía de la Obra, las bases del conocimiento espiritual, moral y ético.

 

Escritora de pluma ágil, con alas de cóndor, remontó los planos terrestres hasta posarse en la morada de los elegidos por la  Eterna Ley para descorrer los velos del Archivo de la Luz, donde está grabada con clacos a fuego la evolución de cada partícula de chispa divina emanada del Gran Todo Universal.

 

¿Qué vio su mente iluminada? ¡Formidable Apocalipsis presenció al descorrer un Arcángel, ante ella, el velo de desposada de la Maga Invisible de los Cielos, y dejar al descubierto las glorias, triunfos, luchas, abnegaciones, sufrimientos y esplendores de la muerte de los amantes del Amor y la Justicia por un ideal de liberación humana!

 

¿Qué más? Las vidas de los misioneros divinos que limpiados de malezas los campos, abrían surcos para siembra del Amor Fraterno en las almas que serían las encargadas de hacerla fructificar el ciento por uno.

 

¿Y por último? Las vidas mesiánicas de un Arcángel del  Séptimo Cielo de los Amadores, que dejando su mora da de paz y amor, descendían a los planos terrestres para mezclarse con las pequeñas almas inconscientes de su destino, y también para que de su mano, de su manto, nos prendiéramos los que queríamos dejar de ser almas que se revuelcan entre el lodo de las propias pasiones, de los deseos insatisfechos, de los egoísmos que fueron formados lacras y manchando la vestidura que cubre a la Esencia Divina.

 

¡Todo eso! ¡Mucho más! Vio en ese espejo brillante y límpido como no hay otro y descendiendo en raudo vuelo, pero con hondo dolor, traspasó al papel todo lo que su mente vio y su corazón sintió.

A ti, lector amigo, se te ofrece con todo amor, lo que su amor creó a través de más de treinta años de escritura: “orígenes de la Civilización  Adámica”, “Moisés”, “Arpas Eternas- Cumbres y llanuras”, “Llave de Oro- Siete Portales”.

 

Pequeñas joyas espirituales: “El Huerto Escondido”, “Paráfrasis de la Imitación de Cristo”, “Lirios de la Tarde”, “Cinerarias”.

 

En la lectura de sus manuscritos, iniciados en el mes de Junio del año mil novecientos sesenta y cinco, te pido lo hagas con l sinceridad del que busca la Verdad, la Luz y el Amor.

 

Si al término de ella tu corazón encontró lo que ansiaba eleva una plegaria al Altísimo de eterno agradecimiento, y a ella la siempreviva de tu amor reflejado a tus semejantes.

 

  Así daremos cumplimiento en nosotros mismos al Ideal de nuestro Divino Guía e Instructor: Ama   a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

 

La transcriptora de los Archivos de la Luz dejó su morada terrestre el día 31 de julio del año 1965.

 

                                                                     Hugo Jorge Ontivero Campos ®

 

  Estos textos son tomados de los libros de Josefa R. Luque publicados en la web:

 

http://fraternidadcristianauniversal.com

 

Los Orígenes de La Civilización Adámica

 

 

ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN ADÁMICA

huerto


LOS PRÓFUGOS


Las hermosas regiones del sudeste de Atlántida fueron sacudidas por un espantoso cataclismo, en que terremotos y maremotos simultáneos, ocasionaron el desbordamiento de las aguas del mar, y numerosas poblaciones emigraron hacia territorios que no habían sido alcanzados por inundación. (Esta fue la tercera vez que los mares se desbordaron sobre el continente).

 

Fue en esta circunstancia que Nohepastro, cuyo reino se encontraba en el norte de Atlántida frente a las columnas de Hércules, (Gibraltar), recibió de sus augures el anuncio de que también su dominio estaba amenazado, por lo cual dispuso la construcción de un palacio flotante para asegurar su vida y la de los suyos durante largo tiempo.

 

Sus grandes ciudades de piedra resistirían largos años la invasión de las olas, según su creencia, y si éstas no cedían a los hombres su presa, él buscaría de conquistar nuevas tierras en los países costaneros del Mar Grande. (El Mediterráneo fue llamado así en la antigüedad).

 

El anciano rey tenía un oculto dolor en su corazón: había perdido su compañera la reina Iba, sin que le dejase un heredero varón, lo cual en su dinastía, era presagio de ruina inminente. Sólo le quedó una hija, Sophía, hermosa como una alborada que acabó por formar todo el culto, todo el amor, toda la adoración de su padre.

 

Espíritu de cierta evolución y rebelde a imposiciones arbitrarias, no puso cadenas a su corazón cuando el amor la llamó, sin pensar en su real estirpe se enamoró apasionadamente de un jefe guerrero, a caso el más apuesto y hermoso de los que formaban la escolta de su propio palacio.

 

El rey lo supo y la encerró en la antecámara de su habitación particular, cuando se convenció de que ningún razonamiento haría olvidar a su hija aquel inconsulto amor. Y al amante y amado Joheván, lo desterró de su lado y lo destinó a la labranza de los campos.

 

Más, ya lo ha cantado el poeta:

“la ausencia es aire

Que apaga el fuego chico

Y aviva el grande”

 

Y el amor de Joheván y de   Sophía, se agigantó con la separación y ambos se prometieron vencer o morir.

 

Cuando el soberano ordenó el embarque, Sophía fue su primera preocupación y juntamente con ella toda la servidumbre y guardias de palacio, augures y sacerdotes.

 

En embarcaciones más pequeñas y como magnífica escolta al palacio flotante, embarcaron también varios miles de quereros con sus familias y servidumbre.

 

 En una pequeña embarcación y en calidad de guardián de los animales destinados al consumo, embarcó disfrazado el amante Joheván para seguir, aunque de lejos, a su bien amada, a la cual veía todos los días cuando ella asomaba a los balcones de su nave palacio.

 

Él levantaba por tres veces su cayado de guardián de bestias, en cuyo extremo flotaba una banderilla blanca. Ca da vez que ella subía a la cubierta miraba hacia la barca jaula, donde sabía que por su amor estaba relegado Joheván.

Así pasaron seis meses hasta que arribaron a las costas de Ática, ocupadas entonces por colonias de Keftos que atravesando el Mar Egeo, habían buscado allí tranquilidad y fortuna, perdidas ambas en als continuas luchas que l es promovían los gomerianos y zoharitas del continente.

 

Nohepastro estaba decidido a posesionarse de estos territorios, de buen grado o por la fuerza, y así anunció su visita de cortesía a los jefes de la región, los cuales asombrados de la magnificencia de la flota marítima que acompañaba al soberano, le recibieron con todos los honores que se merecía.

A uno de estos príncipes áticos le interesó sobremanera la blanca y rubia Sophía que semejaba “una dorada espiga de ultramar” y el viejo Nohepastro vio con satisfacción esta simpatía, por cuanto le evitaba toda lucha para adueñarse de aquellas colonias y transformarlas en sus nuevos dominios.

 

Pocos días después ya estaba concertada la boda entre el soberano Atlante y el Jefe Ático, sin que la dorada espiga tuviera noticias de quién iba a ser su segador.   Cuando su padre le participó que ha bía co  n venido los esponsales de ella con el más joven de aquellos príncipes, Sophía palideció intensamente y estuvo a punto de caer exánime a los pies de su padre, pero el amor le dio aún fuerzas para dominarse e inclinarse casi hasta el suelo según la costumbre, para demostrar sumisión a las órdenes del rey.

 

Tenía ella una esclava de toda su confianza llamada Milcha, casada ocultamente y con la protección de Sophía, con uno de los guardias del palacio. Milcha era pues la única confidente de la princesita, angustiada por la cruel y dura resolución de su padre. La infausta noticia fue transmitida por la esclava a su marido y por éste al desventurado Joheván, que estuvo a punto de cortarse la garganta con la misma hacha con que sacrificaban  a las bestias.

 

Más la princesita había dicho al guardia, esposo de Milcha, que buscaran entre ambos el medio de escapar, porque ella prefería la muerte a ser la esposa del príncipe Ático, cuya pequeña estatura y moreno semblante le inspiraba invencible repugnancia.

 

A altas horas de una noche lluviosa y oscura, la princesa  y su esclava, Joheván y el guardia, desprendieron uno de los barcos pequeños que había amarrados a la gran nave, destinados a desembarco en pequeños fondeaderos, lo cargaron de ropa y provisiones y huyeron hacia alta mar, llegando a la isla Cretasia donde descansaron unos días, perdidos entre las inmensas grutas naturales de la isla. Pero creyéndose seguros por estar algo cercanos a la costa y antes de ser vistos por los habitantes de la isla, huyeron nuevamente a favor de la oscuridad de la noche y descansaron en otra pequeña isla del  Archipiélago, la que por su erizada costa hacía casi inaccesible la subida. (una isla pequeña vecina a la Rodas actual).

 

Pero “como el amor es más fuerte que la muerte”, los dos hombres y la esclava tuvieron el ingenio y la fuerza suficiente para esconder la embarcación en una profunda bahía de la costa y cubrirla de ramas de árboles, en forma que aún pasando muy cerca de ella, era imposible encontrarla.

Sophia fue la primera en iniciar el orden de la nueva vida que las circunstancias les imponían y dijo a sus compañeros:

Desde hoy dejo de ser la hija del divino y sagrado Nohepastro, para convertirme en la esposa de Joheván, hermana de Milcha y de Aldis. Terminaron para nosotros las diferencias de estirpe, de raza y de posición, u no queda más que la íntima comprensión de la amistad verdadera y de la eterna igualdad del amor.

 

Y así diciendo, se acercó a Joheván y posó la frente sobre el pecho del guerrero, que era la más solemne manifestación de que se daba por compañera y esposa para toda la vida. Joheván entonces extendió los brazos y formó con ellos un anillo alrededor del cuerpo de Sophía, símbolo de que su amor y su fuerza envolvían a la joven esposa.

 

Milcha y Aldis, con sus diestras levantadas habían formado ante ellos el signo crucífero, (la cruz fue un símbolo sagrado desde los más remotos tiempos prehistóricos, según lo prueban los hallazgos hechos en excavaciones en diversas regiones). Emblema de la bendición de Dos sobre el amor que unía a los jóvenes desposados. Tal era la ceremonia habitual en los desposorios, sólo que el signo de la cruz lo hacían los padres de los contrayentes o los parientes más cercanos en ausencia de aquellos.

 

-Los rayos del sol son eternos- dijeron con solemne acento Aldis y Milcha, siguiendo el ritual religioso de su credo.

 

-Nuestro amor será como los rayos del sol –contestaron los desposados sin variar la postura.

-La noche y el día caminan eternamente el uno en pos del otro.

 

-Así caminaremos como la noche y el día.

 

-Las estrellas se miran eternamente en el mar.

 

-Nuestras almas se mirarán la una a la otra como las estrellas en el mar.

 

-El altísimo recibe vuestros juramentos.

 

Diez meses llevaban allí, cuando Milcha dio a luz a un niño varón al cual llamaron Adamú, acontecimiento que colmó de felicidad a los cuatro desterrados, que sintiendo renacer la tranquilidad habían casi olvidado la trágica huída y la temible persecución de Nohepastro.

 

El mismo acontecimiento se repitió tres meses después y la princesita Sophía fue madre de una hermosa niña rubia, que era como ella una dorada espiga, un reflejo de la aurora. La llamaron Evana.

 

                                                                                                                                                            leer más → →

 

 

El Regreso de Abel

huerto

 

El  REGRESO DE ABEL


Las hermosas regiones del sudeste de Atlántida fueron sacudidas por un espantoso cataclismo, en que terremotos y maremotos simultáneos, ocasionaron el desbordamiento de las aguas del mal, y numerosas poblaciones emigraron hacia territorios que no habían sido alcanzados por la inundación.

 

Fue en esta circunstancia que Nohepastro, cuyo reino se encontraba en el norte de Atlántida frente a las columnas de Hércules, (Gibraltar), recibió de sus augures el anunció de que también su dominio está amenazado, por lo cual dispuso la construcción de un palacio flotante para asegurar su vida y la de los suyos durante largo tiempo.

 

El anciano rey tenía un oculto dolor en su corazón: había perdido su compañera la reina Iba, sin que le dejase un heredero varón, lo cual en su dinastía, era presagio de ruina inminente. Sólo le quedó una hija, Sophia, hermosa como una alborada que acabó por formar todo el culto, todo el amor, toda la adoración de su padre.

 

Espíritu de cierta evolución y rebelde a imposiciones arbitrarias, no puso cadenas a su corazón cuando el amor la llamó, sin pensar en su real estirpe se enamoró apasionadamente de un jefe guerrero, acaso el más apuesto y hermoso de los que formaban la escota de su propio palacio. Cuando el rey lo supo la encerró en la antecámara de su habitación particular; Y al amante llamado Joheván, lo desterró de su lado.

 

Cuando llegó el momento de embarcar ella iba con su padre y  el estaba relegado a una de las barcazas cuidando animales.

Seis meses después llegaron a Ática y el padre concertó matrimonio de Sophia con uno de los Jefes Áticos. Ella tenía una esclava de toda su confianza llamada Milcha, casada ocultamente con uno de los guardias del palacio (Aldis). Cuando se enteraron de los planes del padre de Sophia secretamente trazaron el plan de huir en una de las barcazas.

 

Así huyeron llegando  a la isla Cretasia pero sintiéndose inseguros tras descansar unos días huyeron nuevamente llegando a una pequeña isla cerca de la Rodas actual. Así quedaron estos cuatro seres separados del resto de la humanidad.

Diez meses llevaban allí cuando Milcha dio a luz un niño varón al cual llamaron Adamú. El mismo acontecimiento se repitió tres meses después y la princesita Sophia fue madre de una hermosa niña rubia, que era como ella una dorada espiga, un reflejo de la aurora. La llamaron Evana.

 

Los jóvenes padres cada día extendían más lejos sus viajes por mar para recoger cuanto pudiera ayudarles en su supervivencia. Llevados por el deseo de procurar a sus esposas e hijos el mayor bienestar posible decidieron embarcarse  hacia la costa de Mar Grande. Llegando a una población que ellos creían de mercaderes, para así vender sus pieles y oro que tenían, no percatándose que estos no eran mercaderes sino piratas.

 

Los esposos no regresaron al barco donde ellas les esperaban, así viendo pasar los días sin que regresaran empezaron a inquietarse. Un día Milcha observó que estaban siendo espiadas desde la orilla por unos hombres que le causaron pavor. Una voz interior pareció decirle que se pusieran a salvo porque un inmenso peligro les amenazaba.  Así, en la noche con sus dos hijos subieron a un bote de pescador de los que había anclados en la orilla, con el solo fin de que si durante la noche entraban los piratas a su barco, no las encontrasen. Pero un fuerte viento se desencadenó que rompió la amarra y una hora después flotaba como una cáscara de nuez juguete de las olas.

 

Cuando el sol del día siguiente se levantó en el horizonte, la tempestad había calmado y la barquilla estaba besando suavemente la costa verde y montañosa de la Mesopotamia o País de Ethea, en siglos posteriores llamada Fenicia.

Temiéndolo todo de todos y no esperando nada de nadie, no trataron de encontrar lugares habitados, y la primera preocupación de Milcha fue buscar un refugio, antes que les sorprendiera la noche. Encontró una caverna con signos evidentes de haber sido habitada. Con utensilios hechos a mano, lechos de paja y pequeños bancos a modo de asientos.  Mas, su asombro no tuvo límites cuando al levantar dichos objetos, vio grabados en inscripciones que ella podía leer y sobre la rústica mesa estas palabras:

 

“viajero, náufrago o perseguido por los hombres, reposa aquí tranquilamente porque yo, Gaudes, mago atlante, puse vigías sobre esta cueva para todo ser doliente y abandonado. Una familia de renos domesticados por mí, pernoctan en esta cueva, las hembras os darán su leche y os guiarán al sitio en que hay agua, Removed la corteza de árbol que veis al fondo detrás del más alto montón de heno y hallaréis abrigo y alimentos. Gaudes siervo del altísimo.

 

Milcha continuaba su búsqueda, curiosa de descubrir toda la solicitud de aquel desconocido protector, mientras  Sophia sumida en un profundo sueño olvidaba por unas horas lo terrible de la situación. O mejor dicho, no la olvidaba sino que se entregaba a ella en otra forma activa y eficaz, toda vez que libre su espíritu trató de orientarse hacia lo que amaba, valiéndose de recursos propios y de otros que le fueron brindados.

 

El Mago atlante decía que puso vigías sobre la caverna, y estos vigías eran espíritus dedicados al bien, fieles y obedientes a su pensamiento por alianzas de siglos para las causas elevadas y justas. Este ser fue Gaudes en su última vida y descendía por la sangre de una familia cuyo origen se remontaba hasta un discípulo de Antulio, el filósofo justo, y sus descendientes habían seguido la ley emanada de la Escuela antuliana. Se había dedicado a trabajos mentales y su espíritu adquirió un magnífico desarrollo mediante ejercicios perseverantes y ordenados. Había salido de la Atlántida en su juventud, perseguido por una madrastra que quiso eliminarlo del hogar en beneficio de sus propios hijos. Habitó esa caverna durante cincuenta  y tres años, saliendo de ella muy pocas veces al contacto humano. No obstante hacía el bien a los hombres, desde lejos y en forma ignorada, para estar libre, según él decía, de la vanidad nacida de los aplausos y de las manifestaciones de gratitud. Había desencarnado dos meses antes, mientras marchaba a pie a Gutium, situada en el profundo golfo que algunos milenios más tarde se llamó Cilicia, en la costa oriental de Mediterráneo. Fácil será comprender por este relato, que él mismo era entonces el principal vigía de la caverna que albergaba a las dos abandonadas.

 

Cuando Sophia se sumió en sueño profundo, el espíritu de Gaudes se acercó a la durmiente y ayudándola a alejarse sin miedo de su cuerpo, la llevó hacia Neghadá donde habían sido conducidos Joheván y Aldis. Y ella vio. Ambos habían sido vendidos a un grande hombre de aquel país, el cual es puso al estudio de las ciencias sagradas de la época, que era lo que después se llamó Cábala, Magia, o Ciencia de lo Invisible.

 

Aquel hombre les había dicho al comprarlos: No os quiero esclavos serviles sino discípulos sumisos y laboriosos. Por vuestro tipo y por vuestra lengua sé que descendéis de una ramificación de los gloriosos toltecas de Atlántida, cuyo genio y fuerza mental llevó a aquellos países a la mayor grandeza alcanzada por los humanos. Espero mucho de vosotros y porque adivino que una dolorosa tragedia os ha traído a mi lado, os digo que sin el dolor ningún hombre se hace grande, y que un día llegará en que bendeciréis el dolor de esta hora presente.

 

Y así diciéndoles, les introdujo en una especie de claustro severo y silencioso, con bóvedas como pequeños templos, en cada uno de los cuales había un anciano o joven que dibujaban cartas geográficas los unos; otros escribían con punzones de hueso sobre láminas de pasta, diseñaban los diversos sistemas planetarios con sus órbitas concéntricas en grandes lienzos, calculaban las distancias y el tiempo y forma en que realizaban sus movimientos.

 

Otros sentados en anchos bancos de piedra parecían momias inmóviles y calladas. Estos no dormían sino que pensaban. Y el amo les dijo:”Estos son los que realizan las grandes obras en beneficio de esta humanidad. Su trabajo es todo mental y en este momento hacen exploraciones metafísicas o estudios en el plano astral para enseñanza futura de los hombres”.

 

Tal era la situación cuando Gaudes y Sophia llegaron a Neghadá a visitar a los cautivos. Ella se arrojó sobre Joheván y lo colmó de caricias y de besos, produciendo en él un escalofrío, como si abiertas de improviso las puertas hubiera entrado una fresca ráfaga de viento.

 

Las fuerzas mentales de Gaudes atrajeron sustancia plásmica del éter y  la visión de Sophia se tornó clara para el desventurado esposo, que perdió la conciencia del mundo físico y cayó en letargo profundo. Desprendido su espíritu al igual que Sophia. Desde entonces no tuvo cabida la desesperación en aquellas almas.

 

Sophia explicaba a Milcha en qué forma había visto en sueños a sus esposo. Joheván explicaba a Aldis, cómo era la caverna que daba abrigo a sus seres queridos. La obra de Gaudes dio flores y frutos en abundancia, y Joheván dijo a su compañero:

-Desde hoy comienzo a grabar en esas pastas la historia de todo cuanto nos ha ocurrido y de cuanto nos ocurra en adelante. Y lo hizo.

 

Y cuando siglos más tarde, los faraones levantaron esfinges y pirámides, no solo como monumentos funerarios sino como cofres gigantescos guardadores de los secretos del hombre neolítico, recogían en las galerías y pasillos subterráneos aquellas placas en que un ser ignorado contaba sus dolores.

 

Gaudes, el hombre de las obras sin aplausos y sin recompensa, vigilaba los huéspedes de su caverna porque los guías superiores de la evolución humana, le habían hecho comprender que aquellos cuatro seres relegados allí por forzadas circunstancias, representaban el primer compás de una nueva y magnífica sinfonía del progreso humano.

 

El cimiento de una nueva Escuela, serían Adamú y Evana; una princesa destronada y un esclavo libre, hermoso símbolo de la igualdad humana por encima de las clases sociales, que nada significan por sí mismas, sino por la evolución y progreso que han alcanzado.

 

 Y para que Adamú y  Evana, fueran raíces de un nuevo árbol de la civilización también nueva, que el mesías traía otra vez a la tierra, era necesario que salieran ellos al escenario de la vida en las condiciones en que salieron, apartados de las viciadas costumbres de sociedades viejas carcomidas por todas las corrupciones.

 

Todo esto sabía Gaudes. ¿Qué importaba pues el sacrificio de pocos años de vida terrena de esos esposos separados de la vida física, en aras del deber común como miembros de una vasta alianza de espíritus auxiliarles de la empresa Mesiánica? Además, ellos mismos habían aceptado como una misión de honor y de gloria, el servir de instrumentos materiales para tal grandioso designio.

 

Eran los que serían progenitores del Verbo encarnado, los que debían darle su carne y su sangre. En el inmenso laboratorio de la Naturaleza visible y del mundo invisible, son infinitas en variedad y formas, los elementos, las energías las fuerzas y las corrientes eficaces para producir grandiosos acontecimientos en beneficio de la humanidad.

 

¡Sophia y Milcha, Adamú y Evana, palomas mensajeras lanzadas a la vida terrestre desde la inconmensurable eternidad, para preparar el nido al divino ruiseñor del Amor Eterno!...

 

Milcha, espíritu fuerte originario de Acuamundis, (Neptuno), algo semejante al globo terrestre en el grado evolutivo de la humanidad que lo habita, y cuyas corrientes astrales y etéreas permiten desarrollar mayores energías y actividades físicas y mentales, parecía adaptarse mucho más a la rudeza de la vida terrestre, en medio de la cual se encontraba.

 

Y entre las labores domésticas, el cuidado de los niños y las correrías al campo a recoger huevos de patos silvestres y de codornices, pasaba los días y las lunas aquella valerosa mujer, nacida a la vida física en humilde condición y que tan importante papel desempeñaba en los comienzos de la civilización Adámica.

 

Aquellos niños eran perfectamente felices. Mientras la humanidad en los distintos países habitados de la tierra se agitaba como un volcán en plena actividad o como un inmenso mar en ebullición; ellos crecían sanos de espíritu y de cuerpo, lejos del hay malsano y pútrido de las grandes capitales, donde la degeneración y el vicio, daban a la humanidad vidas enfermizas y contaminadas desde el nacimiento.

 

El mundo todo parecía desquiciarse y marchar la humanidad a una ruina inminente.

 

Era el momento en que el Verbo Divino, recogiendo en sí la luz piadosa del Amor Eterno, bajaría de nuevo a la tierra en la misma naturaleza del hombre, para llamarle de nuevo a las alturas de donde había caído.

 

He ahí porqué Adamú y Evana, nacidos y criados en la soledad de las montañas y en las selvas de los valles de Éufrates, con sus almas vírgenes y sus cuerpos incontaminados, debían ser los progenitores del Hijo de Dios, que bajaba de nuevo a la tierra para inmolarse por la humanidad.

 

Milcha había recibido un aviso en el sueño, o por lo menos ella lo tomaba como un aviso.

 

Se vio entre Sophia, Joheván y Gaudes, que la sostenía a ella y a Aldis, como si fueran dos enfermos convalecientes que no podían caminar por sí solos. Le hablaban de cerrar los tubos de cobre con los papiros en que Sophía había escrito la historia de sus desventuras, dentro de un saco de cuero perfectamente cerrado, y soltarlo al mar, en un día en que el viento del Norte soplara con fuerza. Le aconsejaban preparar a los niños para vivir solos en adelante, porque se acercaba la hora en que ella debía libertarse de su materia. Más todavía: le decía que separase un del otro, que llevase a Adamú al establo de las ruinas aquellas y dejase a Evana en la caverna, para evitar que creyéndose hermanos, tendiesen después a separarse, buscando Adamú otra esposa y entregando a Evana a otro compañero. “Duérmelos con jugo de vid –decía Gaudes- cuando llegue el momento y que al despertarse se encuentren el uno sin el otro, y no temas, que cuando sea llegada la hora, yo les haré encontrarse”.

 

Adamú contaba ya cinco años y a Evana le faltaban pocos meses para tenerlos. Ambos habían crecido robustos y fuertes, sin haber padecido nunca una enfermedad, y Milcha empezó a acostumbrarlos a servirse por sí mismos los alimentos, a buscar sus ropas y vestirse, a ordeñar los renos.

 

Adamú y Evana, bajo la discreta autoridad de Milcha, hacían grandes progresos en todo aquello de que eran capaces sus diminutas personas. Milcha continúo los ensayos de separación y sobre todo, repartir los utensilios, las opas las provisiones entre las dos habitaciones: la caverna y el establo. Así pasaron veinte lunas.

 

Una mañana, casi de madrugada, salió con el niño y los renos hacia el arroyito que ya conocemos. Era una hermosa mañana de verano se dirigía hacia el establo. De pronto sintió un mareo, como un entorpecimiento en su cuerpo y una oscuridad la envolvió. Sintió como un pinchazo leve en el corazón y cayó hacia un lado en el verde césped cubierto de flores. Un síncope cardíaco cortó el hilo de su vida física.

 

Y el cuerpo de Milcha fue a sepultarse en la caudalosa corriente del Éufrates, en cuyas encontraría el hijo de Adamú, año después, enredado entre las plantas acuáticas y los nidos de aves marinas, un esqueleto que tenía en el cuello un collar de amatista engarzada en oro. Así comenzaron la vida por separado los dos niños.

 

Y las corrientes de energías espirituales, flotaban en inmensos oleajes en torno al plano físico, a medida que se acercaba el tiempo en que el Verbo de Dios tomaría la humana naturaleza en la personalidad de Abel, para elevarla a y enseñar a los hombres a matar el egoísmo, mientras sembraba en la tierra fecundada con sus lágrimas y su sangre, la divina semilla de Amor Universal.

 

 

 

 

Moradas de E xpiación

MORADAS DE EXPIACIÓN

 

 

El jovencito Yhosuelín, desde su llegada al Monte  Carmelo había sido internado en la enfermería de los esenios, pues lo encontraron tanto o más necesitado de un tratamiento especial que el niño a quien buscaban curar.

 

Una afección bronquial con tendencia a extenderse a los pulmones, obligó a los terapeutas a preocuparse seriamente de él, por lo cual lo apartaron de Myriam y de Yhasua, casi apenas llegado.

Siendo de un temperamento sensitivo y nervioso, su curación exigía un absoluto reposo, sin emociones de ninguna especie, y con sólo la compañía de los esenios médicos que lo atendían.  Espíritu selecto y de gran adelanto, había encarnado sólo para acompañar los primeros años del Mesías en el plano físico, sirviéndole de escudo protector en la materia, hasta que el excelso Misionero hubiera conseguido el dominio perfecto de su mundo interno en relación con el mundo exterior que le rodeaba.

 

Por espiritual revelación tuvieron conocimiento de esto los esenios, y aportaron en consecuencia todo su saber para  que este gran espíritu cumpliera a conciencia la misión que le había traído al plano físico.

 

Y cuando comprobaron que estaba lo suficientemente fortalecido su sistema nervios, por vía de entretenimiento ameno y suavemente deleitable, los esenios médicos lo invitaron a oír la lectura de viejos rollos de papiros que guardaban en sus milenarios cofres labrados en la roca viva.

-Esta lectura- le dijeron-, acabará de fortalecer y serenar tu espíritu, ya que hemos conseguido reprimir el mal de tu pecho lesionado por aquel golpe de piedra recibido dos años hace.

 

- Antes decidme, por favor –insinuó Yhosuelín-, ¿cómo están mi madre y el niño?

 

-Perfectamente bien, y así que terminemos esta lectura, te reunirás nuevamente con ellos.

 

- comenzad, pues, que ya os escucho.

 

-¿Tú has leído bien los Libros Sagrados? –le preguntó el esenio que iba a leer.

 

-Si los he leído bien, no sé, pero los he leído mucho.

 

-Entonces no te será difícil comprender esta lectura. Oye pues:

 

“El Eterno Pensamiento señaló la hora precisa en que debía nacer sobre este planeta, un resplandor suyo: en la región de los Cinco Mares, junto al gran río Éufrates. Y nació Abel, hijo de Adamú y Evana, cuya misión salvadora debía marcar el glorioso comienzo de una gran civilización.

 

“Una incontable multitud de Inteligencias adelantadas que se encontraban en la esfera astral del Planeta, tomaron materia, unos antes y otros al mismo  tiempo que el gran Espíritu Misionero, con la finalidad, desde luego, de cooperar con él en el avance de la humanidad de aquel tiempo. Y esparcidos en grupos reducidos o numerosos se ubicaron conforme al plan divino demarcado en lo Infinito por las Inteligencias Superiores.

 

“Tres amigos como tres gotas de agua, caídos de un mismo nenúfar sacudido por el viento, nacieron a la vida terrestre a la orilla de mares vecinos. E  l uno, al igual que en nido de agilas, en las rocas occidentales del Mar Caspio, otro al pie de la cordillera del Cáucaso y a orillas del Ponto Euxino (Mar Negro), y el tercero en las lozanas para duras vecinas del lago  Van, que en l prehistoria formaba en épocas de grandes desbordamientos un solo inmenso mar con el nombre de Caspio y el Ponto Euxino.

 

“Identificados con nombres propios fueron: Solania de Tuhuspa, Walkiria de Kiffauser y Walker de Atropatene; que unidos por una alianza de largos siglos, bajaban a la vida terrestre, en la misma época, con poca diferencia de años.  Solania y Walker se habían adelantado por varios años a la llegada del Hombre-Luz. Walkiria, en cambio se había retrasado, buscando salvar serias dificultades en la elección de los seres que debían servirle de progenitores.

 

“Para quienes desconocen las grandes e inmutables leyes que rigen en el mundo espiritual, lo que acabamos de decir resulta casi incomprensible.

 

“Pero es un hecho indiscutible por la lógica que le acompaña, que las Inteligencias avanzadas en evolución, buscan, rebuscan y eligen con gran cuidado la familia que ha de albergarles en su vida física; no en cuanto a fortuna y posición social, sino en cuanto a las condiciones espirituales de los seres que serán sus padres.

 

“Esta elección, aparte de llevarles tiempo, deben hacerla con relación al programa o actuación que quieren desarrollar en el plano terrestre, a los fines de no encontrarse después con  tropiezos o dificultades que los expongan a un frac a so lamentable.

Walker de Atropatene formaba parte de los Vigías del Hombre-Luz en su encarnación de Abel, y tan solícitamente cumplió su misión, que en diversas oportunidades en que estuvo en peligro su vida física antes del tiempo fijado por la Ley, fue él juntamente con Solania quienes dieron la voz de alerta desde el espacio infinito.

 

Y en la inmensidad de los siglos que rodarán, hasta llegar a la etapa final de Gran Espíritu Instructor de esta humanidad. Walker de Atropatene cumplirá fielmente su pacto como  Vigía en las vidas terrestres del  Excelso Ungido.

 

Cuando veáis cerca del Hombre-Luz, un ser, que sin vacilación ni retardo expone su propia vida para salvar la de él, pensad en Walker de Atropatene, que si no  es él, una inteligencia gemela suya lo será, que cumplirá fielmente su pacto como Vigía en las vidas terrestres, así tan grande y fuerte en es la solidaridad que hay entre los grandes seres conscientes de su deber, como espíritus unidos por una alianza milenaria de redención humana.

 

 

                                                                                                                                                Leer más  →  →